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martes, 1 de marzo de 2011

5 panes y 2 peces



LOS CINCO PANES Y LOS DOS PECES
Una gran multitud seguía a Jesús, hasta que llegaron extasiados  al otro lado del mar de Galilea. El maestro  le dijo a Felipe: “¿De donde compraremos pan para que coman estos?” Felipe pensó “No hay panaderías cerca y la demanda de pan es muy grande, difícil de cubrir”
En la primera fila se hallaba un joven que estaba fascinado con la itinerancia milagrosa. Dos noches  antes  en casa había preparado una lonchera con cuatro peces y 10 panes de cebada, para asistir a un paraje indeterminado y disfrutar del concierto mágico que impartiría el maestro. El avío le garantizaba una estadía  cómoda, algo similar a asistir a una función del circo comiendo palomitas de maíz  con cocacola.
Cuando el joven  observó a Jesús consultando al oído de Felipe; entendió en un principio que el maestro tenía hambre y ofreció su lonchera para nutrirlo; nunca imaginó que sus  alimentos se multiplicarían de esa manera casi industrial. Jesús  al observar  los cinco panes y los dos peces donados por el joven, pensó que ahora sería más fácil la labor y ordenó a Felipe: “Haced recostar la gente”. Y aunque no era Jamaica, había mucha hierba en aquel lugar, y se recostaron casi cinco mil, acto similar a los que hoy día hacen los magos de la tv. 
De repente los panes y los peces se reproducían como manufacturados por una eficaz máquina invisible. La multitud se sació y con las sobras los discípulos llenaron doce cestas. La gente saciada empezó a quedarse dormida, mientras exclamaban: “Éste verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo”.  Aprovechando la coyuntura, Jesús decidió eludir la multitud para aislarse y penetrar  la soledad del monte. Los discípulos también lo siguieron, pero les solicitó con rigor una licencia para orar en solitario, también  les ordenó que todos  abordaran  la barca y se dirigieran al otro lado del mar de galilea sin  preocupaciones  por su ausencia, ya que él los encontraría con su magia donde estuvieran.  
El joven de los cinco panes y los dos peces estaba feliz y maravillado con el suceso multiplicativo, y no hallaba la hora para ir a contar a sus familiares y amigos lo vivido ese fin de semana, las imágenes se hallaban vivas en su mente. Durante dos días había presenciado múltiples milagros donde varios sordos, ciegos, y paralíticos habían recuperado sus facultades y una multitud cercana a los cinco mil, se habían alimentado de su lonchera.
Todo el lugar había quedado en desolación y silencio, la mayoría de la multitud se había dispersado, cada cual tomó su propio retorno.  El joven aún alucinaba; a un lado vio las cestas de sobras que estaban apiladas una encima de otra y vio una vacía la que podría ser la número trece y decidió llevarla a casa con algunas sobras que le metió, para testimoniar el hecho.
 De regreso al hogar el joven narró con todos los detalles a su abuelita, lo que sus ojos habían visto y la abuela maravillada le preguntó que de donde habían salido las cestas para echar las sobras y el joven le dijo que tal vez el maestro las había hecho aparecer  de la nada y nadie se había dado cuenta. La abuelita le preguntó a su nieto que si ese maestro le podría hacer el milagro de dejarla de quince y el joven le respondió que tendría que consultárselo a Jesús, en el próximo encuentro.

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